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ALGUNAS
PRECISIONES NUEVAS ACERCA DEL ANILLO ATLANTE |
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Se dicen muchas tonterías en la red acerca del llamado “Anillo Atlante”. El Sr. André de Belizal –como científico– investigó, remarcó, concluyó y realizó hipótesis acerca de diferentes instrumentos aparentemente mágicos o simbólicos de diferentes culturas, y en particular de la Egipcia. Él solía decir que las pirámides de Egipto son un faro radiestésico, y que sólo necesitabas un péndulo egipcio –como el que existe en numerosas vitrinas de museos arqueológicos, en su sección llamada “Amuletos”–, para orientarte desde cualquier lugar del desierto o desde un barco en el delta del Nilo. El péndulo egipcio es uno de los secretos más fascinantes en materia de física microvibratoria, medicina energética, o radiónica, y merece un capítulo aparte.
Un poco de historia.
Lo primero que hay que decir es que el modelo auténtico de este anillo pertenece a la familia Belizal, de Francia. No existe ningún otro igual en el mundo, tan sólo copias del primero a raíz de una foto publicada en un libro de su amigo Roger de Lafforest, del cual se han hecho infinidad de copias falsas en Europa y Sudamérica, lo cual es lamentable, como el propio Lafforest menciona en su libro titulado “La Magia de las Energías”, disponible en cualquier librería de Francia.
Este anillo, hecho de gres de Assouan, tiene una antigüedad superior a la civilización del Antiguo Egipto, donde fue encontrado por el Marqués D’Agrain, Egiptólogo de origen francés, el cual lo denominó Atlante en referencia al mito de una civilización sabia primigenia. El Sr. Belizal, hizo un estudio profundo en los años 30 sobre las propiedades de este anillo y fruto de ello escribió dos libros: “Ensayo de Radiestesia Vibratoria” y “Física Microvibratoria y Fuerzas Invisibles”, que recomendamos a los que desean comprometerse en forma sincera en este estudio.
Al parecer, es un anillo de “medidas” y de “equilibrios”. Sus líneas y formas siguen un orden específico que le confiere –en cuestión de grados– propiedades extraordinarias en tres campos: Protección, sanación e intuición. Constatamos que la primera funciona realmente en un porcentaje muy alto, por lo menos en las copias basadas en el Anillo Atlante de Belizal. Es importante recordar que el anillo original no sirve para nuestros días, pues fue creado para una época enteramente distinta a la nuestra, y con un propósito diferente. De ahí la adaptación del anillo tras numerosos experimentos y trabajos con el péndulo egipcio. Por eso se llama “Anillo Atlante de Belizal”. Los sabios hierofantes egipcios se servían de este anillo para penetrar –por ejemplo en El Valle de los Reyes–, en determinadas tumbas y templos. Aminoraban o anulaban de esta manera un poderoso campo existente –sobre todo por aquel entonces– altamente peligroso y nocivo, que producía la destrucción y muerte de toda célula viva. Experimentaban con pequeños animales el alcance de estas ondas invisibles, que en numerosos casos se hallaban potenciadas por ondas naturales del subsuelo. Crearon poderosas formas geométricas que, convenientemente situadas, lograban irradiar en todas las direcciones de la estancia ondas venenosas altamente violentas, que llegaban a impregnar a todo aquél que osara desvelar los secretos y tesoros guardados por los egipcios. Al saquearse muchas de estas tumbas o templos, junto con las distintas excavaciones arqueológicas, se han alterado las posiciones que ocupaban los objetos que emitían estas poderosas ondas de forma, anulando las trampas invisibles preparadas para los amigos de lo ajeno. Donde verdaderamente hay que tener cuidado es en las tumbas o templos que aún no han sido saqueados...
Por el contrario, las pirámides fueron creadas para impedir en parte la penetración de partículas cósmicas, entre otros, que pudieran alterar los experimentos y los instrumentos que allí se creaban y refinaban. Un lugar de total silencio que permitiera oír a grandes distancias… quizás incluso el sonido de la constelación de Orión, y recibir información en forma sutil, utilizando para ello la onda portadora de un color determinado, como demostrara el Sr. Belizal. Ondas de color en las que este singular científico investigó, y muy particularmente gracias a la reconstrucción de diversos artefactos, entre ellos el de un pequeño mueble egipcio copiado de su original, que se hallaba en el Museo del Louvre de Paris. Pero esto ya se completará en mi próximo libro sobre el tema.
Así las cosas, ¿qué hace la señora que va al mercado con un anillo atlante en la mano? ¿Qué hace el ejecutivo luciendo dicho anillo? ¿Qué hace un niño adornando sus delicados dedos con el historial de este anillo? ¿Cómo saber –cuando algo extraordinario nos sucede–, si éste se debe al anillo o no? ¿O es debido a una protección natural? ¿O a nuestro propio Guía Interior? ¿O debido a nuestros rezos y oraciones? ¿O incluso a nuestro buen Karma? Podemos argüir que si el anillo sirve para resistir la presión que tenemos hoy día en todos los órdenes sociales, pues bienvenido sea. ¿Pero esto no es como tener un Ferrari guardado en el garaje para uso exclusivo de ir con él a por el periódico o el pan? Esto sería de un derroche energético y de un sinsentido que insultaría a la inteligencia que lo creó. ¿Es comprensible, no? Veamos cómo sacarle más partido. Por ejemplo, el anillo se puede utilizar como péndulo –como ya lo he mencionado en otro apartado–, sólo hay que pasarle un hilo por él, o un fino cordel, y utilizando nuestro dhizakti –palabra sánscrita que significa “poder” o “potencia mental”– hacerle las preguntas correctas. Si éste gira hacia la derecha tendremos una respuesta afirmativa, adecuada. Si éste gira hacia la izquierda la respuesta será negativa, inadecuada. Y si simplemente oscila, la pregunta no tiene respuesta o no está bien ejecutada. Esto puede parecer algo mágico pero no lo es, ya que las respuestas están en algún lugar de nuestra mente, o del inconsciente colectivo, o del “disco duro” de nuestra humanidad, y lo que hacemos con el péndulo o anillo es escanear estos lugares sutiles para percibir lo que ordinariamente no podemos ver. A esto se le llama “Dactilomancia”, que significa “adivinación por medio de anillos”, y esto resulta mucho más interesante, honesto y real, que todas esas tonterías que vemos en las novelas de moda, acerca de la magia potagia…
Tenemos una gran posibilidad para ir más allá de las supersticiones, y formar una nueva cultura que comprenda los sentidos superiores o la anatomía sutil, desvelada por la filosofía oriental. Antiguamente, se hacía referencia al Daimon o Daemon, como el reflejo de Dios en el espejo, el lado opuesto. Pero realmente es una fuerza conciliadora y mensajera que también recibe el nombre de Ángel, y que por lo tanto se aplica a las fuerzas desconocidas o invisibles. En realidad, Daimon para los egipcios sería algo así como “lo que inspira”, “el inspirador”, “el que aconseja”. Una poderosa fuerza inteligente que no existe en el plano físico, pero que “mora cerca de los seres humanos y vela por ellos”. Es esta fuerza la que se adapta a las diferentes culturas y revela un código ético propio del “grupo tribal o sociedad” a la que se pertenece. Cuando uno explora y realiza una búsqueda radiestésica concerniente a la conciencia universal, obtenemos una respuesta personalizada de una fuente invisible, que algún día científicamente tendrá su razón de ser y su apelativo correspondiente. Hoy día, que conocemos Internet y que sabemos cómo funciona hasta nuestro más diminuto ordenador, se nos hace más fácil entender que en algún lugar hay un “sitio web” apropiado a nuestras búsquedas, obteniendo la información en tan sólo unos segundos. Estupendo ¿verdad? Pues bien, esto es lo que han estado realizando los radiestesistas desde siempre… incluida la civilización china y, cómo no, la egipcia. Por supuesto que en estas búsquedas podemos impregnarnos de información inadecuada y virus de red, en este caso de la red etérica, que pueden desestabilizar y confundir hasta el más fuerte. De ahí la importancia de los “secretos de operación” propio de los rituales egipcios y recomendado en todos los grimorios de magia. Siempre se ha dicho que: Al conocimiento con tiento. Por eso, la utilización del anillo atlante va pareja y forma un tándem perfecto junto con el péndulo egipcio, al que se le suele acompañar con otro instrumento…: el Neutralizador de Luxor. Pero de éste hablaremos más adelante. Que la forma de la Flor de Loto de Egipto proteja vuestro caminar diario.
Leonardo.
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